25 de febrero de 2024

ELEGIR LA FORTALEZA

Suena fatal.

Lo de ir de víctima o lo de sentirte víctima.
Pero es lo que haces cada vez que te quejas poniendo el foco en lo que está mal, en lugar de en cómo arreglarlo.

Es verdad; la vida, o las personas, nos golpean duro a veces, y eso duele.
Mucho.

Hay daños inevitables.

El de la pérdida; la enfermedad; la muerte…

Y el del rechazo, el fracaso, y el que producen algunas puñaladas traperas.

Heridas que no tienen vuelta de hoja, y que solo amainan conforme vas aceptándolas.
Eso suele llevar lo suyo porque algunas páginas no se pasan así como así.

Hay un tiempo para recoger el dolor, ¡sí!

Y también hay un tiempo en el que es necesario elegir.

Porque vivir desde la herida puede darte la impresión de que la estás atendiendo, pero hace tu existencia dura y gris.

No importa la brutalidad del golpe ni lo mal que lo hayas pasado. Siempre llegas a la encrucijada en la que tienes que decidir si añades más dolor a ese dolor, o vas a dejarle que siga su impulso de sanación.
A menos que sean letales, todas las heridas tienden a sanar… siempre y cuando se lo permitas.

Y es que hay condiciones que impiden a la naturaleza hacer su trabajo.
Actitudes y gestos que empeoran las cosas; que reabren las llagas y las hacen sangrar…

Algunos impactos vitales no tienen remedio, pero muchos otros sí.

Aquí es cuando tienes la opción de quedarte secuestrado en el dolor, o dar un salto hacia adelante.

Ese movimiento requiere echar mano de una de las cualidades más valiosas que nunca tendrás.

Ese tesoro es la FORTALEZA.

LO QUE EN ESENCIA ERES

Seguro que más de una vez te han dicho, o te has dicho, que tienes que ser fuerte. Pero esto, que en principio parece una buena recomendación, no suele dar demasiado buen resultado.

“Tengo”, o “tienes que ser fuerte”, te recuerda que hay algo que no eres. Algo que te falta y que debes conseguir sea como sea, pero sin decirte cómo.

Es una acción de fuera hacia adentro que con frecuencia vives como una imposición; algo ajeno y muy poco empático con tu vivencia presente.

Pero por mentira que te parezca, la fortaleza no es algo externo a ti, ni nada que tengas que obtener. Es la esencia misma de quién eres.

Lo de que somos (literalmente) polvo de estrellas, o el resultado de un espermatozoide campeón en medio de una horda de competidores, queda bien en los memes motivacionales, pero en realidad no dice nada.

Sin embargo, míralo de esta manera: la fuerza apabullante de la vida YA late en ti.

Tu corazón y tus pulmones, todos tus sistemas, trabajan día tras días sin que tú tengas que intervenir a penas.

Tus células se renuevan constantemente.

Tienes un cerebro que procesa cantidades industriales de terabytes por segundo…

Además, has llegado hasta aquí atravesando todo tipo de etapas y soportando toda clase de heridas y desastres pedagógicos.

Has sobrevivido al dolor y a la decepción. Has peleado en incontables batallas, y ¡aquí estás!, queriendo continuar.

Y si encima tienes la certeza de pertenecer a “Algo” mucho más grande que tú; si crees que has salido de “Ello”, entonces… ¿No tendrás sus atributos?

“Puede que digas:

– “Pero solo soy un ser humano !!!”

Eso es subestimar tu vida.

No eres solo humano. También hay un potencial divino en ti.

Que satisfagas tus metas y tus aspiraciones en la vida depende directamente
de que actives y  liberes ese potencial”.

Eric Butterworth  

Pero no importa cuál sea tu filosofía. Observa la naturaleza; aunque lo hayas olvidado, ¡eres parte de ella!
¿No hay una energía y un poderío abrumador, mires donde mires?

UNA CUESTIÓN (otra vez!!!) DE IDENTIDAD

Puedes creerme: hay mucha, mucha fortaleza en ti.
Mucha más de la que imaginas, y posiblemente más de la que te atreves a soñar en tus más locas fantasías.

Tu gran limitación es que ignoras de cuanto eres capaz, y que la imagen que compras de ti, casi siempre es a la baja.

Sí, ya sé que me repito!, pero lo hago con toda la intención del mundo.

Sé que no es la primera vez que te hablo de actitud y de la mentalidad de crecimiento, de identidad.

Pero es que estas cosas están en la base de todo tu comportamiento.

Igual esto te suena:

“Es hora de levantarte, pero no tienes malditas ganas.

Cuando ya no lo puedes estirar más, te tiras de la cama y arrastras los pies hasta el baño, sumergida en una burbuja inmensa de sopor…

Te pesa todo… el cuerpo, y la vida…

Sin embargo, cuando abres bien los ojos y te mueves con gestos enérgicos y decididos, todo cambia sin que haya cambiado nada… Nada, excepto tu actitud”.

De pronto, “mágicamente” vuelves a ser la persona activa que conoces.

Si eres de despertares lentos, como yo, conocerás bien esta historia.
Sabrás que en el momento de arrancar te va a dar toda la pereza del mundo salir de las sábanas calentitas; y AHÍ es, precisamente, donde empieza tu elección.

Tienes la posibilidad de elegir desde qué identidad, empezarás el día.

Si lo harás desde la languidez de un alma en pena:

– “Es que no me apeteceee…”

O como alguien responsable y vital:

– “Si hay que hacer, hay que hacer! ¡Vamos a por ello!

Se cae de lógico: no tiene sentido tirar para atrás si tienes que ir hacia adelante.
Sin embargo, es lo que hacemos tantas veces.

Te parecerá una tontería, pero esto del ejemplo no se aplica solo a las mañanas.
Es la regla de oro para todas las situaciones: las simples y las complicadas. O, mejor dicho: sobre todo para las complicadas

QUÉ ES LA FORTALEZA

No voy a tratar de convencerte de que sea fácil, ¿vale?

Elegir la fortaleza supone echarle un pulso muy duro a tu patrón habitual.

Es más fácil protestar, enfadarte, sentirte injustamente tratada, o incapaz.

Cuesta menos echarle la culpa a la vida, a las situaciones, a tus padres o al gobierno.

Es importante que entiendas esto: gran parte de tu sufrimiento podrías evitarlo.

Brota de tus reacciones y tus creencias, y empeora a base de resistirte, de echar balones fuera y darle vueltas a la cabeza.

Viene, como te decía al principio, de poner el foco en la falla o la debilidad, en lugar de remangarte y poner lo mejor de ti en buscar una alternativa.

Pero no te confundas. La fortaleza no es un tipo de acción basada en la rabia o en la represalia:

“¡Se van a enterar de quién soy yo!”

Sin duda levantarte en armas implica más energía que hacerte un ovillo mientras te lames las heridas. Pero las dos respuestas se parecen en que ambas brotan de la vulnerabilidad.

-“Soy víctima y no voy a tolerarlo”.
o
“Soy víctima” a secas.

La fortaleza es algo mucho más grande, sólido y hermoso.
Es la profunda determinación de usar cada obstáculo como una oportunidad para hacerte más capaz.

Consiste en abandonar la fragilidad de forma consciente, yendo más allá incluso la resiliencia: –“soporto los golpes sin arrugarme”,
 para volverte ANTIFRÁGIL:
– “Con cada impacto que reciba me haré más fuerte”.

Es algo parecido a aquel mito de la Hidra de Lerna, que por cada cabeza que le cortabas, le salían dos.

RECONQUISTAR LO QUE ES TUYO

Apostar por la fortaleza es cuestión de un instante.  Pero llegar a confiar sin sombra de duda en que eso es lo que tú eres, implica la práctica de una voluntad inquebrantable.

Es elegir una y otra vez sin concesiones, y hacer la elección correcta.

Huir como de la peste de la debilidad que te limita, y que te mantiene en una versión impotente y pequeña de ti.

Nada grande ni bello espera a los derrotados en compensación por sus sufrimientos. Porque desde la indefensión la luz no tiene combustible para brillar.

Tú decides si prefieres quejarte de los obstáculos de tu camino, o, como todos los pros de la vida, vas a usarlos para hacerte más fuerte y capaz.

La fortaleza hace grandes las almas; solo desde ella eres capaz de perdonar, o amar.

La debilidad ni entiende, ni puede hacer estas cosas, porque transforma el amor en dependencia, y se niega a soltar el dolor porque lo vive como una merma.

Te desconecta de la energía ingente que anima la naturaleza y el cosmos, y te impide ver la Fuerza que te respalda.

No, no eres un ser impotente y desvalido.

¿Te convertirás en víctima, o crearás tu historia?