xendanzentroa una vida donde nada falta 1140x640 - UNA VIDA DONDE NADA FALTA

UNA VIDA DONDE NADA FALTA

No es necesario que cambie el año.

La vida está llena de puntos de inflexión en los que de forma casi natural se sugieren nuevos comienzos.
Son momentos de reflexión y de propósitos renovados donde de forma más o menos consciente, aspiras a una versión de ti que encaje mejor con tus ideales y necesidades.

Lo de “A partir del 1 de enero dejo de… o empiezo a…” es un clásico.

Y lo de que tus flamantes intenciones vuelvan al baúl de los recuerdos en aproximadamente mes y medio, también.

Allá por 2017 te compartía un artículo sobre

Cómo No arruinar tus propósitos de año nuevo.

En él te ofrecía un plan detallado y claves para mantener unas expectativas realistas.

Pero las estrategias y su cumplimiento, por imprescindibles que sean, son solo la parte práctica de algo mucho más profundo y determinante que casi nadie tiene en cuenta.

Nuestras mejores intenciones suelen estar siempre basadas en el hacer: “haré esto”; “no haré lo otro”. Raramente se sustentan en la identidad; en qué tipo de persona es la que produce ese comportamiento.

En otro artículo, esta vez mucho más reciente, Reinventarte a través del coaching, te explicaba que podemos elegir la identidad desde donde actuamos. Que no es lo mismo decir “estoy dejando de fumar”, que “ya no soy fumadora”.
O pensar: “tengo que hacer más ejercicio” versus “soy una persona que valora cuidarse”   

Quién” realiza la acción es al menos tan importante como la acción en sí misma.

Lo saben hasta los niños.

TEN CUIDADO CON LO QUE CREES

En su libro “The alter ego effect” (en español “El poder del alter ego”), Tod Herman cuenta algo que me dio mucho que pensar.

Fue un curioso experimento que se hizo en la universidad de Minesota con niños de entre cuatro y seis años.

Dieron a los txikis una “tarea trampa” que no iban a poder completar. Les pidieron que intentaran sacar un juguete de una caja con un manojo de llaves de las que ninguna servía.
Pero algunos de estos pequeñines recibieron además una instrucción crucial. Les dijeron que imaginaran que eran su super héroe favorito (Batman y Dora la exploradora estaban entre los invitados).

Los investigadores querían ver si encarnar una identidad diferente tenía algún efecto en los resultados que obtenían.

Y vaya que si lo tuvo!

Los niños con una identidad “aumentada” fueron de largo los que más tiempo lo intentaron.
Probaron el mayor número de llaves; pensaron de forma mucho más flexible y creativa poniendo en marcha diferentes estrategias, y mantuvieron mejor la clama.

Es cierto que la mente infantil es capaz de creer lo increíble, pero hay muchas otras evidencias que sugieren que esto va en serio.

Helen Langer de Harvard, constató en su laboratorio que las personas mejoraban temporalmente su visión cuando simulaban ser pilotos aéreos!!!

“¿Qué????”

Al parecer no hay duda.

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no, en ambos casos estás en lo cierto”
(Henry Ford)

Interpretar el papel de alguien con más capacidades que tú en un campo determinado mejora tus aptitudes. No quiere decir que vayas a volar como Superman, pero sí que tu desempeño se va a adecuar al rol que encarnes.

Pero hay más.

¿Qué pasaría si esto no fuese solo una fantasía motivadora y, como sugiere Stan Beecham, estuviésemos confundidos acerca de quienes somos en realidad?

UN CASO DE IDENTIDAD EQUIVOCADA

El Dr. Beecham, que lleva décadas asesorando a deportistas de élite, altos ejecutivos y renombrados artistas, está convencido que la mayoría de los mortales sufrimos un serio trastorno de identidad.

“No somos quienes pensamos que somos”, dice.“Somos mucho, mucho más de lo que creemos”.

Me gusta Stan porque sostiene que, para alcanzar tu pleno potencial, primero tienes que admitir que no conoces toda la verdad sobre ti.
Que, en la partida del cuerpo frente a la mente, la mente siempre gana.
Y que aquello que crees y que practicas con convencimiento es lo que da forma a tu realidad.

Sin embargo ni Beecham ni yo pretendemos insinuar que todos podemos ser cualquier cosa por el hecho de créernoslo.

Hay un tiempo y un proceso para desarrollar determinadas habilidades que no tendrá segunda oportunidad si te los saltas.

Da igual cómo de intensamente te lo propongas.
Va a ser poco probable que llegues a niveles excepcionales de maestría si empiezas a tocar el violín con sesenta años.
O que ganes Wimbeldon entrenando un par de horitas al día.

Pero la cultura en la que vivimos es muy confusa.

Por una parte, te vende la posibilidad de un progreso fácil y meteórico. “Aprenda chino sin esfuerzo” o “Hazte rico trabajando dos horas al día desde la playa” son solo algunos ejemplos.

Y por otro lado te recuerda que está todo muy mal. Que vives en medio de amenazas constantes: enfermedad, guerras, ciber ataques y escasez.
Te cuenta que esto es la vida. Y te propone como remedio fármacos a destajo, seguros de todo tipo, y un consumo sin tregua para mantenerte entretenida corriendo detrás de la zanahoria.

Demasiadas piezas aparentemente inconexas.

¿No te da la sensación de que falta algo???

EL PARAISO PERDIDO

Uno de los recursos más populares de los últimos tiempos consiste en volver la mirada al oriente antiguo para encontrar las respuestas que buscamos.

El control de la mente a través del Mindfulness, el Yoga, y la moda de lo Zen, han desembarcado en nuestras costas ampliando nuestra mirada.

Empezamos a contemplar la posibilidad de que haya más de lo que podemos ver, pero todavía hay algo que no acaba de encajar.

Desde hace milenios esa pieza perdida ha estado en poder de las religiones. Y los líderes de cada credo se proclamaron como legítimos intermediarios entre lo humano y lo divino.
Solo a ellos (y a muy pocas “ellas”) ha correspondido el privilegio de conocer los designios de la providencia y de definir su nombre, su voluntad y sus normas. Normas y mandatos que, en muchísimos casos, suenan más a “los hombres” que a dios.

Y al margen de la impecabilidad de muchos de los creyentes, los abusos de todo tipo dinamitaron la credibilidad de estos estamentos de poder.

Los herejes, “aquellos que piensan libremente”, fueron (y en algunos lugares todavía son), brutalmente reprimidos, sin poder impedir que nos volviéramos multitud.

Pero este acto de rebeldía fundamentalmente positivo, tuvo un doloroso efecto secundario inesperado.

Dejó al ser humano desprovisto de la conexión con Lo Eterno, abandonado a su suerte en un medio hostil.

 Los ritos de transición entre las etapas de la vida se banalizaron o suprimieron. Y la falta del contacto regular que proporcionaban la oración y los oficios religiosos dejó a las personas desprovistas de una nutrición invisible pero vital.

Desórdenes emocionales y fármacos psiquiátricos de todo tipo expresan esa ruptura, pero no la calman.

Corremos de un lado a otro a la caza desesperada de algo, pero no llegamos a identificar qué es.

HOLAAA!!! HAY ALGUIEN AHÍ???

Cuanto más hablo con la gente más claro lo tengo.

La inmensa mayoría de las personas acaba diciendo que, aunque no sabe cómo definirlo, cree que hay “Algo más”.
Algo superior que engloba y da sentido a todo.
Un Orden que a duras penas se puede expresar con palabras…

Lo Supremo; la Fuente; Dios; el Universo; Conciencia, la Vida; Energía; el Campo Cuántico, el Tao… llámalo como más te guste. Sabes a qué me refiero, ¿verdad?  

Pues en esa certeza, que con mucha frecuencia ocupa las capas más profundas de la experiencia individual, está la respuesta que buscas.

No te estoy sugiriendo que te adhieras a un nuevo culto o que adoptes las creencias de tus antepasados.

Lo que te propongo es que te pares un momento y que busques dentro de ti.
No en lo que te contaron que era cierto; no en lo que te digamos ni yo ni nadie.

Pregúntate si esto es todo.

Si el cuerpo que ves, tus conocimientos, tus posesiones, tus sentimientos y tus creencias son todo lo que eres.

Si el mundo de las formas y tu pequeña vida, que pasará antes de que te des cuenta, son la única realidad.

Tus átomos vinieron literalmente de las estrellas. ¿No eres acaso energía que ni se creó ni se destruirá?

¿Qué sentido puede tener entonces todo esto???

Eres muy libre de creer que no son más que caprichos de la física, pero no es esto lo que susurran la mayoría de los corazones.

¿Y SI FUERA CIERTO???

Sea como fuere, esto es muy subjetivo, y al final, lo que de verdad nos preocupa es nuestro día a día.

No queremos la espiritualidad para un futuro lejano en el que se vaya a decidir si voy o no al cielo.
Ni para resolver la incógnita de si el más allá existe en absoluto.

Queremos la espiritualidad para vivir.

Necesitamos paz, coherencia y sentido para no asfixiarnos en la maraña de la vida.

Sentir que no somos solo humanos, que en nuestro interior hay un potencial divino, es otra forma de vivir.

Convertirte en tu mejor versión posible; llegar a ser todo lo mejor que puedes ser, depende directamente de activar y liberar ese potencial.

 Puedes pensar que eso es una tarea hercúlea y complicada, pero no es así.
Es verdad que requiere voluntad y dedicación, pero en realidad es bastante simple.

Aprende a escuchar tu corazón.

Entrénate para corregir la tendencia a desconectarte de “tu luz” cuando te enfrentas a la oscuridad.

Mantente en contacto con la Sabiduría en ti,
y las respuestas, y la ayuda que necesitas aparecerán sin tener que pelear por ellas.

Re establece la conexión con tu Origen, y no volverás a sentir soledad nunca.

Este es el camino de vuelta a casa que te propongo, la paz que no tiene opuesto.

Esta es mi labor más sagrada.

Y esto es lo que te deseo para hoy, y el resto de los días que tengas por delante.

Feliz Año Nuevo.


 

 

Imagen desatacada gracias a: ray-bilcliff-en-pexels

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