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TUS HÁBITOS DE COMUNICACIÓN: 5 CLAVES PARA MEJORARLOS

Trasládalo a otros ámbitos de la vida, y seguro que lo entiendes muy bien. 

Apostaría que tienes claro que, saber conducir tu coche, por ejemplo, no te capacita para poder llevar un autobús o transportar mercancías por Europa.

Que aunque te vistas por las mañanas o vayas a comprar ropa de vez en cuando no significa que entiendas de moda.

Y sin embargo, de forma implícita, es probable que tú también asumas que el hecho de poder hablar significa que sabes comunicarte.

No pretendo ser aguafiestas ni poner en duda tus habilidades.

Igual eres de la rara minoría que ha tenido una educación casi idílica.

O tal vez te lo hayas currado muchísimo hasta el punto de dominar este arte.

Pero si no es tu caso, posiblemente tu comunicación esté lejos de ser óptima, al menos en algunos aspectos. 

Vamos a hablar hoy de cómo darle un poco de brillo a algunos elementos de tu comunicación verbal, que, aunque es la más evidente, también es la parte más pequeña de lo que emitimos al mundo.

¿Sabías que más del 90 % de la información que envías y que recibes no ocurre a través de la palabra? 

Noup!

Alucinante!!!

Nuestros mensajes están formados por una amalgama de factores mayormente automáticos. El tono, los gestos, y la postura corporal solo son algunos de ellos.
Estos elementos, aunque muy subjetivos, son también muy reveladores, y capaces de transformar lo que se dijo -o no se dijo- en algo totalmente opuesto.

Pero, para mí, lo más impactante no es estar en manos de ese imponente gigante que es el inconsciente.
Es verme a veces incapaz de controlar si quiera ese “pequeñísmo” 10%!!!

Clave #1: LO JUSTO Y NECESARIO

Puedes comunicarte contigo, con otra persona, con un grupo en concreto, o de forma pública y abierta, pero al final tu mensaje casi siempre va a ocurrir en 3 niveles.
Son la forma, el contenido y la emoción del mensaje.

La forma es la manera en la que te expresas; cómo articulas lo que dices.

La claridad con la que hablas. La corrección con la que construyes tus frases y la riqueza de tu vocabulario.

Es el cómo cuentas cada historia; y depende de la educación y el estilo de cada uno. 

¿Sabes cuál es el tuyo???

Están los que sueltan la información en diez palabras y contestan con monosílabos, y los que damos un montón de explicaciones para ilustrar cualquier tema.

Cada uno de estos estilos tiene un contexto donde se muestra más útil. Y a la vez, ambos extremos pueden llegar a resultar bastante incómodos. 

Desde mi perfil de “explicadora nata” me ha costado aprender que las personas, y en especial los niños, necesitan instrucciones muy cortas y claras.
Si no, se aburren y se pierden; ellos y el mensaje. Y tú te quedas frustrada porque tu esfuerzo para que comprendan no parece servir de mucho.

Sin embargo, la habilidad de pintar imágenes o ideas con las palabras me es de gran utilidad cuando doy clase o escribo.

Y luego está el otro extremo. 

Supongo que a ti también te habrá tocado experimentar lo trabajoso que resulta intentar conocer la opinión o los sentimientos de alguien cuando hay que sacarle las palabras con sacacorchos.

 O lo refrescante que llega a ser una respuesta pim-pam; corta y clara.

Cuando de verdad quieres llegar al otro, encontrar el justo medio para no pasarte ni quedarte corta se vuelve una tarea compleja para algunos de nosotros.

Clave #2: DI LO QUE DE VERDAD QUIERES

Luego está el contenido. El mensaje que transmites, los detalles de la historia en sí.

Si eres capaz de contar la esencia de lo que quieres que le llegue al otro.

Te sugiero que no te apresures a marcar esta casilla como completada sin contrastar con cuidado lo que sale por tu boca y lo que en realidad pretendes.

Aunque pueda resultarte un poco extremo y no sea tu caso, te pongo un ejemplo bastante típico. 

Persona que, por enésima vez consecutiva, llega del trabajo a las diez de la noche.

Cuando entra en casa, su pareja, que se siente sola y quisiera más atención, le recibe con algo de tipo:

“Vaya! Si por fin apareces!!!
No decías que ibas a procurar venir antes??? Ya veo que tu trabajo es más importante que yo…”

Lo que necesita quien habla posiblemente sea cercanía; más tiempo para estar con su pareja. Quiere conseguir que venga antes, compartir alguna actividad por la tarde; tener un rato de tranquilidad juntos después de cenar …

Y ahora dime si te parece que quien entra en casa a las mil después de otro día agotador, va a poder oír en ese mensaje un “Te echo de menos. Quiero estar más tiempo contigo”.

¿Te parece que va a tener ganas de responder positivamente a esa expectativa? 

Clave #3: ASEGÚRATE DE QUE OS ENTENDÉIS

Una buena manera de asegurarte de que nos hemos entendido es comprobar si a la otra persona le ha llegado el mensaje correcto. 

Y es que, muchas veces, por mentira que parezca no entendemos lo que se nos ha dicho, sino  “lo que nos parece que nos han dicho”.

A mí me lo demostró hace mucho mi profe de Técnica Alexander tendiéndome una trampa.

Un día me enseña una pelota y me dice:

-“Ana, te voy a lanzar esta pelota”

Y nada más tirármela, para mi desconcierto, me suelta: 

-“Ay va!,  por qué la has cogido??”

Entré al trapo como una pazguata

-“Cómo que por qué la he cogido???

Tú me has dicho…”

Y la otra con sonrisita inocente… 

-“Siiii??? Qué te he dicho???”

-“…”

Me la había metido doblada!!!

Pero aquello sirvió para demostrarme que mis interpretaciones no siempre se ajustan a la realidad.

No tenemos costumbre de pedirle a la gente que nos cuente con sus palabras qué han entendido de lo que acabamos de decirles.
Sin embargo, esta práctica puede darte grandes sorpresas, te lo aseguro. 

Una de las principales causas de los problemas que surgen entre las personas es lo que muy acertadamente llamamos “malentendidos”.

“Tu dijiste… pero yo entendí…” y el drama está servido.
Una palabra a la que damos un significado diferente. Una asociación que yo he hecho con algo que tú en realidad no has dicho. Algo que me perdí porque mi cabeza no estaba donde estábamos, hace que acabemos como acabamos a veces.

Clave #4: DA LIBERTAD AL OTRO

Y llegamos al tercer componente de lo que expresamos.
El más resbaladizo, pero muchas veces, sobre todo en las relaciones personales, el que más peso específico acaba teniendo. 

Me refiero a la emoción.

Las palabras y su significado no siempre llegan por sí mismos a expresar lo que estamos viviendo.

Ilustran muy bien este tema todas esas veces que oyes o dices que “no pasa nada” pero pasa. Esos “muy bien”, que significan “muy mal” (o “esto no va a quedar así”). Y también esos momentos geniales en los que le llamas “gilipollas” a alguien porque se ha marcado una tontería que te ha hecho mucha gracia.

La emoción que encierran contradice muchas veces lo que las palabras declaran, y eso es especialmente delicado cuando pedimos algo.

Pedir y exigir tienen energías muy diferentes, pero a veces se confunden.

La mayoría solemos ser bastante reactivos cuando detectamos las exigencias que tratan de imponernos. 

Y también nos gusta pensar que somos respetuosos y que hacemos nuestras peticiones de forma civilizada; pero no siempre es así.

¿Te ha pasado lo de pedirle algo a alguien y enfadarte, abierta o secretamente, porque no ha accedido a tus deseos?

Si???

Pues bienvenida a la exigencia, entonces.

Sabemos que estamos exigiendo, lo digamos o no, cuando la negativa desata represalias dentro o fuera. 

No importa que no digas nada. Con que te cabrees y la guardes, ya sabes que no le estabas dando al otro la total libertad de elegir.

Pedir sin exigencias tiene que ver con aceptar la posibilidad de que el otro no responda a tus demandas y no sentir ninguna amargura por ello. 

Clave #5: EL ÚNICO SECRETO ES PRÁCTICA, PRÁCTICA, PRÁCTICA

Ponerte a analizar tus patrones de comunicación puede dejarte con una primera sensación de desastre, pero no hacerlo es mucho peor. 

Nada que se desconoce puede ser modificado. Y para conocerlo realmente tienes que investigarlo en profundidad, porque la fuerza de la costumbre normaliza muchas cosas que en otro contexto te parecerían intolerables.

Es un hecho que la cercanía y el hábito nos hacen relajar nuestros principios y tener menos cuidado.

De ahí precisamente salió el horripilante refrán de que “Donde hay confianza, da asco”

Lamentablemente, cuando se dijo, se dijo por algo, pero que sea habitual no lo hace menos terrible.

¿No te parece un dolor dejar lo mejor de tus modales para los de fuera y que los que te quieren reciban tu parte menos pulida? 

Mantener la atención en lo cotidiano no es fácil, ¡claro que no!
Y darle la vuelta a los patrones de toda una vida cuesta (te lo digo por experiencia).
Pero la buena noticia es que se puede entrenar

Para hacerlo necesitarás empezar por tener comprensión y mucha paciencia contigo, pero también determinación y un buen método.
Eso te ayudará a ir paso a paso coleccionando victorias que mantengan altos tu motivación y tu compromiso.  

Y eso es lo que trabajaremos en la próxima Mañana de Mindfulness del 17 de Diciembre

 

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Naturalmente, no vas a cambiar tu forma de comunicarte en un día, pero eso no es lo que pretendo.
 Mi objetivo es que salgas con un buen plan a tu medida que te apoye en el aprendizaje de ese delicado arte que es conectar con los demás.

Es verdad que los que te importan se verán muy beneficiados.
Pero sobre todo TÚ te mereces sentirte mejor con lo que haces y vivir unas relaciones más fluidas y armoniosas.

Se acercan las navidades, 

¿Aceptarás el reto???  

 

Imagen Destacada: getty-images-Rgwt_1YFlbI-unsplash

PD: El plazo de inscripción para la Mañana de Mindfulness termina el martes 12 de diciembre

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