1 de julio de 2023

SANAR LA HERIDA OCULTA EN TU CUERPO

Tal vez ya lo sepas:
esa figura que el espejo te devuelve dice mucho, y a la vez muy poco de ti.

Tu imagen es sin duda tu primera tarjeta de presentación, y en la mayoría de las interacciones superficiales va a jugar, junto a tu forma de comportarte, una importante baza.
Nadie nos libramos de esto; el aspecto de una persona nos predispone inmediatamente en una dirección u otra.
Según dicen los que investigan estas cosas, nos cuesta poquísimos segundos formarnos una idea de cómo es alguien.

Que el cuerpo pesa muchísimo en la visión que tenemos de nosotros mismos y de los demás, es una realidad.

Pesa tanto, que solemos perder de vista que nuestra carcasa es, ante todo, una herramienta para la comunicación y la expresión de quienes somos.

Y por eso, tenemos la responsabilidad de mantenerla en las mejores condiciones posibles.

Un cuerpo vital y fuerte va a permitirte expandir lo mejor de tu potencial.
Por el contrario, ya puedes olvidarte de dar lo mejor de ti si no tienes energía para levantarte de la cama o vas arrastras por la vida.

Y aquí es donde volvemos nuevamente a los famosos Fundamentales que tan a menudo te recuerdo.
Ya sé que lo digo muchas veces, pero creo que es indispensable que comprendas el impacto que estos requerimientos básicos tienen en tu experiencia vital.
Cuidarlos aumenta tu energía y tu lucidez.
Sáltate uno de esos fundamentales, y verás resentirse todas las áreas de tu vida.

LA MATERIA AL SERVICIO DE LA IDENTIDAD

En el artículo anterior te contaba que tu cuerpo no es un elemento aislado. Es el lienzo en el que se reflejan aspectos muy diferentes de tu vivencia.
Lo mental, lo emocional, tu manera de ver el mundo, y sobre todo, la imagen que tienes de ti, dibujan, trazo a trazo tu estructura.
Me explico:
Mires donde mires, lo que no se ve da vida a lo que se ve.
La energía conforma la materia; las ideas son el germen de los proyectos; los sentimientos dan origen a las relaciones…

Primero surge esa matriz silenciosa que luego gesta y da a luz a las cosas tangibles.

Nuestro cuerpo no es una excepción.

Cuando nos sentimos mal y estamos cansados o abatidos, el pecho se hunde y la cabeza se desploma; los ojos se enturbian y la voz se vuelve densa y pesada.

Si estás contento, sin embargo, si te sientes optimista y feliz, tu espalda se yergue, la mirada es clara y abierta, los músculos se relajan…

Parecemos personas muy diferentes dependiendo de nuestra vivencia interna, y esa vivencia depende de la identidad que asumimos.

Sentirte víctima de ti misma, de los demás, o de las circunstancias, tiene un impacto muy diferente en tu cuerpo que sentirte creadora de tu destino.

Da igual a cuantas terapias vayas, el yoga, o el ejercicio que hagas, que si vives encogida por dentro, lo de afuera no se va a expandir.

Tu identidad, quién crees que eres en el fondo, va a proporcionarle a tu cuerpo las instrucciones de funcionamiento que él obedecerá ciegamente. 

Y esta es una de las mayores razones por las que muchas veces, aunque pongas todas tus ganas y todo tu esfuerzo en intentar cambiar algo en ti, no consigues tus propósitos.

Tu mente consciente puede decir lo que quiera. Pero si tu inconsciente tiene miedo, no se fía, o no cree que vayas a ser capaz; si tiene poderosas razones ocultas para mantener un comportamiento, va a ser complicado llevarle la contraria y salirte con la tuya.

MUCHO MÁS QUE UNA FACHADA

Estar orgullosa del cuerpo que manejas parece una experiencia radicalmente diferente a avergonzarte de él y detestarlo, pero ambas actitudes tienen algunas cosas en común.

 En el primer caso actúas como si la belleza fuera un derecho o una conquista personal. En el segundo, como una estocada a tu valía.

 Pero por distintas que sean, ambas actitudes están inevitablemente impregnadas del
veneno de la comparación, donde las semillas de la ansiedad y el miedo se encuentran con el más fértil de los terrenos.

Claro que es preferible sentirse bien a sentirse insignificante y horrible!, pero cuando te identificas con tu aspecto, el fantasma de la pérdida está siempre presente. El deterioro, la vejez y la muerte planean en silencio sobre un reinado que al final siempre nos resulta demasiado breve. Y para cuando te quieres dar cuenta, aquella lozanía que parecía tan naturalmente tuya ha empezado a marchitarse, y con ella tu valor.

Este es sin duda uno de los temas arquetípicos del ser humano.

La madrastra de Blancanieves, Dorian Grey, Fausto, y tantas historias que nos hablan del tormento de quienes depositaron sus esperanzas en un cuerpo joven y bello.

-“Entonces, la belleza es mala, y el cuerpo solamente una fuente de conflicto?”

-“No”

-“Y que pasa, que hay que ignorarlo?”

-“Tampoco”

Sin embargo, es necesario ponerlo en el lugar que le corresponde para que cumpla su verdadera función.
No le confíes la custodia de tu valía porque eso es algo en lo que tarde o temprano acabará decepcionándote.
Pero tampoco olvides agradecer el enorme regalo que supone su labor.
Esas capacidades que parecen tan normales cuando las tienes, se alzan como un ingente privilegio cuando no están.

DÓNDE PONES EL FOCO???

Decíamos antes que aquello con lo que te identificas es lo que da forma a tu realidad.

Es la historia del vaso medio lleno o medio vacío, que implica una actitud muy diferente ante condiciones iguales.

Tenemos muy metido el estar siempre mirando lo que nos falta.
En nuestros orígenes como especie fuimos sobreviviendo y evolucionando a base de priorizar lo que podía amenazar nuestra existencia.

Lamentablemente, todavía hay muchos lugares del planeta donde sigue imperando la ley de la jungla. Pero tú que lees esto, posiblemente tengas, como yo, una vida mucho más nutricia y en paz que la que tuvieron nuestros antepasados.
Privados de amenazas constantes, este programa ancestral que en principio estaba diseñado para protegernos, se recicló en un nuevo uso, mucho menos eficiente y saludable. Y la queja entró a formar parte de nuestras vidas.

No me refiero al hecho de nombrar lo que no funciona y poner la energía en buscar una solución.
Hablo del hábito tóxico de fijar siempre la mirada en lo que te disgusta y no apartarla de ahí.

Salir del modo supervivencia nos eleva de la base de nuestra pirámide de necesidades hacia regiones menos primarias, donde las emociones cálidas dan un nuevo sentido a nuestra vida.

Desde la gratitud dejas de fijarte en lo que falta para apreciar la maravilla de lo que sí tienes.

 Comienzas a ver el verdadero valor de cosas que, aunque son tan grandes que no tienen precio, muy a menudo damos por sentado.
Ver; caminar; oír la voz de los que amas; poder digerir; respirar… son maravillas que a base de estar presentes dejan de ser celebradas como merecen.

Cuando agradeces estos privilegios cotidianos y recuerdas que cada paso que das es un milagro, la belleza de tus piernas y muchos de tus dilemas se vuelven muy secundarios. 

DESCUBRIR EL COCTEL ÚNICO QUE ERES

También en el último artículo hablábamos de que la Conciencia es el requisito indispensable para dar sentido y superar tus retos personales.
Y para conocer algo realmente, necesitas estudiar y comprender lo que estás haciendo.

No pierdo de vista que muchas veces es difícil acceder de buenas a primeras a las razones profundas de tus vivencias y de tus actos.
La mente inconsciente suele tener muy bien guardadas las cosas que una vez no supiste manejar. Las pone fuera de tu alcance para que el consciente las olvide y te escuezan lo menos posible.

Pero aunque en un momento dado no sea viable bucear en tus recuerdos, siempre puedes empezar por observar y darte cuenta de tu comportamiento.

Mirar de frente lo que haces, lo que piensas, lo que sientes. Mirarlo sin juzgar, con el interés de quien, más que protegerse y estar cómodo, busca conocer la realidad para poder transformarla.

Estar atenta para registrar cómo tu cuerpo responde a tu mente y a tus emociones. Cómo se te encogen las entrañas cuando piensas algo que te inquieta; qué forma adopta la huella del miedo en ti.

En los últimos años han proliferado todo tipo de teorías. Algunas asocian cada emoción a una parte específica del cuerpo, y cada conflicto que no se resolvió a una enfermedad. Existen listados de lo que quieren decir los síntomas o los sueños, pero yo no soy partidaria de atribuir significados fijos a las cosas.

Nuestro mundo emocional es muy complejo, y la mente muy hábil para construir historias de todo tipo que lo mismo pueden justificar una postura que la contraria.

Por eso prefiero acompañar a cada cliente en la búsqueda de sus propios significados, en sus propios términos, y su estilo propio. Entiendo que solo así el viaje es respetuoso y totalmente a la medida de sus necesidades.

MÁS ALLÁ DE LA FORMA

Me gusta incluir al cuerpo en un debate en el que las emociones y la mente muchas veces están enfrentados. Ponerlos a colaborar en un espacio en el que los tres puedan revelar sus demandas y sus razones. Y así, cada uno aporta las piezas del puzle que tiene en su poder para dar coherencia a una imagen que antes no tenía sentido.

Pero procuro no perder de vista que hay otra realidad, mucho más amplia y hermosa, a la que cada ser humano pertenecemos.

Una dimensión que, aunque sea muy discutible si no crees más que en lo que puedes medir, es muy real cuando la experimentas.

Conciencia; Energía; La Fuerza; Gran Espíritu; Campo Cuántico; La Fuente; Lo Superior; Universo; Dios…

Cada uno lo razona y le llama como más le gusta. Pero en esencia hablamos de Algo inexplicable, sin origen ni fin, que es nuestra sustancia misma.

Todo está ahí para que lo cojas según prefieras: la víctima y la creadora; la gratitud y la queja; el cuerpo que se corrompe y el Ser inmortal…
Una elección que arroja un rayo de esperanza sobre el dolor. La posibilidad de sanar la herida que nos separa de esa versión radiante de nosotros mismos, que solo espera que la reconozcamos y la abracemos como nuestra realidad más auténtica.

Saberte una expresión de Eso tan ingente, deja muy atrás nuestro pequeño mundo y nuestro pequeño cuerpo…
Vivir  “nuestra vida” desde esa intuición imposible de asir o de comprender, despliega ante nuestros ojos un panorama insospechado.

Ya no somos materia (dotada, o no, de un espíritu) que se debate en el dilema de su existencia y su valía.
Nos descubrimos como almas cristalizadas en una forma.
Viajeros de luz que, durante un breve instante de la eternidad, hacen trasbordo en este hermoso traje espacial hecho de tiempo, que llamamos nuestro cuerpo.

Tú eliges con qué te identificas; quién quieres ser.
Está todo a tu alcance.

La decisión está en tus manos.

                                                                                                Imagen Destacada: mikhail-nilov-en-pexels